Ellos VERÁN a Dios:
Mateo 5: 8-10
“El que me ha visto a mí ha visto al Padre, una de sus afirmaciones más arcanas. Esto es lo que dice la Biblia acerca de este problema, y me parece que, en conjunto, no vale la pena dedicarle más tiempo. Reconozcamos que nada sabemos. El Ser mismo de Dios es tan trascendente y eterno que cualquier esfuerzo por llegar a entenderlo está condenado al fracaso. La Biblia misma, me parece —y lo digo con reverencia— no trata de darnos un concepto adecuado del ser de Dios. Nuestros términos son tan inadecuados, nuestra inteligencia tan pequeña y finita, que los intentos de describir a Dios y a su gloria son peligrosos. Todo lo que sabemos es que hay esta promesa gloriosa de que, en una forma u otra, los de corazón limpio verán a Dios.
Sugiero, pues, que significa algo así. Al igual que en el caso de las otras Bienaventuranzas, la promesa se cumple en parte aquí. En un sentido existe una visión de Dios ya en este mundo. El cristiano puede ver a Dios en un sentido único. El cristiano ve a Dios en los sucesos de la historia. Para el ojo de la fe hay una visión que
“nadie más posee. Pero hay un ver también en el sentido de conocerlo, una clase de sentimiento de que está cerca, y un disfrute de su presencia. Recuerdan lo que se nos cuenta acerca de Moisés en ese gran capítulo once de la Carta a los Hebreos. Moisés
'se sostuvo como viendo al Invisible.' Esto es parte de la visión total, y nos es posible en esta vida. 'Bienaventurados los de limpio corazón.' Aunque imperfectos, podemos decir que incluso ahora vemos a Dios en un sentido; vemos al 'Invisible.' Otra forma de verlo es en nuestra propia experiencia, en su trato benigno con nosotros. ¿No decimos que vemos la mano de nuestro Señor en nosotros en esto o aquello? Esto es parte del ver a Dios.”
¿Cómo podemos tener el corazón limpio?
“Algunos han sugerido a lo largo de la historia que la solución sería aislarse de este mundo en un monasterio, pero eso ya hemos visto que no es bíblico, “Esos esfuerzos de auto purificación están condenados al fracaso.”
Lo que podemos hacer es caer en la cuenta de la negrura del corazón por naturaleza, y al hacerlo unirse a la oración de David, 'Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.' Uno puede comenzar a tratar de purificarse el corazón, pero al final de la vida seguirá estando tan tenebroso como al comienzo, o quizá más. ¡No! sólo Dios puede hacerlo, y, gracias a Dios, ha prometido hacerlo. La única forma en que podemos tener el corazón limpio es que el Espíritu Santo entre en nosotros y nos purifique. Sólo cuando El mora en el corazón y actúa en él se purifica, y así lo hace produciendo 'así el querer como el hacer, por su buena voluntad.’”

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