"He guardado la fe"




"MIRAD CON CUAN GRANDES LETRAS OS ESCRIBO": Pablo, (apóstol de Jesucristo).


"TENGO MI FE. ES TODO LO QUE TENGO. PERO ES LO ÚNICO QUE NECESITO. HE GUARDADO LA FE.

PABLO SE RECLINA CONTRA LA PARED DE SU CELDA Y SONRÍE. Y YO ME RECLINO CONTRA OTRA PARED Y FIJO LA

VISTA EN EL ROSTRO DE UN HOMBRE QUE HA APRENDIDO QUE LA VIDA ES MÁS DE LO QUE EL OJO PERCIBE.

PUES DE ESO SE TRATA LA FE. LA FE ES CONFIAR EN LO QUE EL OJO NO PUEDE VER.

 

LOS OJOS VEN AL LEÓN QUE ACECHA. LA FE VE EL ÁNGEL DE DANIEL.

LOS OJOS VEN TORMENTAS. LA FE VE EL ARCO IRIS DE NOÉ.

LOS OJOS VEN GIGANTES. LA FE VE A CANAÁN.

TUS OJOS VEN TUS FALTAS. TU FE VE A TU SALVADOR.

TUS OJOS VEN TU CULPA. TU FE VE SU SANGRE.

TUS OJOS VEN TU TUMBA. TU FE VE UNA CIUDAD CUYO CONSTRUCTOR Y CREADOR ES DIOS.

 

TUS OJOS MIRAN AL ESPEJO Y VEN UN PECADOR, UN FRACASO, UN QUEBRANTADOR DE PROMESAS. PERO POR FE

MIRAS AL ESPEJO Y TE VES COMO PRÓDIGO ELEGANTEMENTE VESTIDO LLEVANDO EN TU DEDO EL ANILLO DE LA GRACIA Y

EN TU ROSTRO EL BESO DE TU PADRE.

 

·HE GUARDADO LA FE, COMO UN TESORO EN MI MANO.

A PESAR DE TODO NO LA HE PERDIDO

AQUI ESTÁ EN MI MANO Y HA HECHO PRODIGIOS Y LOS SEGUIRÁ HACIENDO PORQUE LA FE NO PUEDE DEJAR DE CREAR Y DE CREER"


Max Lucado.

 




Salmo 42.2



“Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón,”

 

como el siervo busca por las aguas, así clama mi alma por ti Oh Dios.

 

En tierra seca y arida donde aguas no hay

 

Mi corazón ha dicho de ti: busca tu rostro…

 

busca al Señor mientras pueda ser hallado, llámale en tanto que está cercano, ven sin dinero, ven sin precio, ven a Jesús. isaias 55.6

 

📖“Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.” — Isaías 55:6

Entre una publicación y otra quiero decirte algo que considero más importante que cualquier otra cosa:

Busca a Cristo mientras pueda ser hallado.

El mundo está complicado. Nadie cede, nadie baja la guardia, todos parecen caminar con enojo en el corazón. La salud mental está siendo golpeada por el ritmo acelerado de la vida. La ansiedad, la depresión, el miedo y la incertidumbre se han convertido en compañeros silenciosos de muchas personas.

Vivimos en una época donde tenemos más tecnología, más comodidad y más comunicación, pero cada vez menos paz. Muchos ríen en público y lloran en privado. Muchos aparentan estar bien mientras su alma se encuentra agotada.

Por eso necesitamos volver nuestra mirada a Cristo.

Porque Él sigue siendo refugio para el cansado, esperanza para el que siente que no puede más, dirección para el confundido y paz para el atribulado.

Nada de este mundo puede llenar el vacío que solo Dios puede ocupar.

Hoy más que nunca necesitamos buscar Su presencia, escuchar Su voz y acercarnos a Él. No porque tengamos miedo, sino porque lejos de Cristo el alma se seca, pero cerca de Él encuentra vida.

🙏Busca a Cristo mientras pueda ser hallado.

🙏Llámale mientras está cercano.

Porque en medio de un mundo que cambia constantemente, Jesús sigue siendo la respuesta.

Dios prospere tu dia.

 

Ellos VERÁN a Dios:

 


Mateo 5: 8-10

“El que me ha visto a mí ha visto al Padre, una de sus afirmaciones más arcanas. Esto es lo que dice la Biblia acerca de este problema, y me parece que, en conjunto, no vale la pena dedicarle más tiempo. Reconozcamos que nada sabemos. El Ser mismo de Dios es tan trascendente y eterno que cualquier esfuerzo por llegar a entenderlo está condenado al fracaso. La Biblia misma, me parece —y lo digo con reverencia— no trata de darnos un concepto adecuado del ser de Dios. Nuestros términos son tan inadecuados, nuestra inteligencia tan pequeña y finita, que los intentos de describir a Dios y a su gloria son peligrosos. Todo lo que sabemos es que hay esta promesa gloriosa de que, en una forma u otra, los de corazón limpio verán a Dios.

 

Sugiero, pues, que significa algo así. Al igual que en el caso de las otras Bienaventuranzas, la promesa se cumple en parte aquí. En un sentido existe una visión de Dios ya en este mundo. El cristiano puede ver a Dios en un sentido único. El cristiano ve a Dios en los sucesos de la historia. Para el ojo de la fe hay una visión que

“nadie más posee. Pero hay un ver también en el sentido de conocerlo, una clase de sentimiento de que está cerca, y un disfrute de su presencia. Recuerdan lo que se nos cuenta acerca de Moisés en ese gran capítulo once de la Carta a los Hebreos. Moisés

 

'se sostuvo como viendo al Invisible.' Esto es parte de la visión total, y nos es posible en esta vida. 'Bienaventurados los de limpio corazón.' Aunque imperfectos, podemos decir que incluso ahora vemos a Dios en un sentido; vemos al 'Invisible.' Otra forma de verlo es en nuestra propia experiencia, en su trato benigno con nosotros. ¿No decimos que vemos la mano de nuestro Señor en nosotros en esto o aquello? Esto es parte del ver a Dios.”

 

¿Cómo podemos tener el corazón limpio?

 

“Algunos han sugerido a lo largo de la historia que la solución sería aislarse de este mundo en un monasterio, pero eso ya hemos visto que no es bíblico, “Esos esfuerzos de auto purificación están condenados al fracaso.”

Lo que podemos hacer es caer en la cuenta de la negrura del corazón por naturaleza, y al hacerlo unirse a la oración de David, 'Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.' Uno puede comenzar a tratar de purificarse el corazón, pero al final de la vida seguirá estando tan tenebroso como al comienzo, o quizá más. ¡No! sólo Dios puede hacerlo, y, gracias a Dios, ha prometido hacerlo. La única forma en que podemos tener el corazón limpio es que el Espíritu Santo entre en nosotros y nos purifique. Sólo cuando El mora en el corazón y actúa en él se purifica, y así lo hace produciendo 'así el querer como el hacer, por su buena voluntad.’”

 

 

 

 

 

 

La importancia de mantener una buena conciencia

“Tengan una buena conciencia.” (1 PEDRO 3:16.)




¿SABE qué tienen en común el marinero que navega por el océano, el excursionista que atraviesa el desierto y el aviador que vuela entre las nubes? Que todos ellos se verán en graves problemas si no disponen de algún aparato para orientarse. No tiene por qué ser muy moderno; basta con una sencilla brújula.

 En esencia, una brújula es un círculo con una aguja imantada que apunta al norte. Pero si funciona como debe, puede salvarnos la vida, y más si contamos con un mapa fiel. Pues bien, Dios nos ha hecho un regalo que se parece a la brújula (Santiago 1:17). Nos referimos a la conciencia. Sin ella, estaríamos completamente perdidos. Cuando la usamos bien, nos ayuda a hallar nuestro rumbo en la vida y a no salirnos del camino correcto. Como vemos, es un regalo muy valioso. Por ello, conviene examinar qué es la conciencia y cómo funciona, y luego analizar los siguientes puntos: 1) cómo educamos la conciencia; 2) por qué debemos tomar en cuenta las conciencias ajenas, y 3) qué beneficios obtenemos al mantener una buena conciencia.


QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA LA CONCIENCIA

imperfectas, han escuchado su conciencia. Entre ellas está el fiel Job, quien dijo: “A mi justicia he echado mano, y no la soltaré; mi corazón no me molestará” (Job 27:6).a Job escuchaba con atención la voz de su conciencia antes de actuar o tomar cualquier decisión. Por eso podía decir con orgullo que su conciencia no le molestaba; no vivía mortificado por la culpa o la vergüenza. Un caso muy distinto es el de David. A él sí llegó a atormentarle la conciencia. La Biblia dice que “el corazón de David [estuvo] hiriéndolo” después de faltarle al respeto a Saúl, el rey que Jehová había ungido (1 Samuel 24:5). Aquellos remordimientos le ayudaron mucho, pues le enseñaron a ser más respetuoso.


Pero la conciencia no siempre funciona como es debido. Para entender por qué, piense en el ejemplo de la brújula. ¿Qué ocurre si la acercamos a un imán? Que la aguja se desvía y deja de apuntar al norte. ¿Y si la utilizamos sin la ayuda de un buen mapa? Entonces no valdría de mucho. Con la conciencia ocurre igual. Si dejamos que influyan en ella nuestros deseos egoístas, no nos indicará el camino correcto. Y si no consultamos el “mapa” de la Palabra de Dios, no sabremos distinguir entre el bien y el mal a la hora de tomar muchas decisiones importantes. Además, para que la conciencia funcione como es debido necesitamos la ayuda del espíritu santo. Como dijo Pablo: “Mi conciencia da testimonio conmigo en [conformidad con el] espíritu santo” (Romanos 9:1). Ahora bien, ¿cómo logramos que la conciencia funcione de acuerdo con el espíritu santo de Jehová? Como veremos ahora, la clave está en educarla.



CÓMO EDUCAR LA CONCIENCIA


 ¿Cómo debe utilizarse la conciencia a la hora de tomar decisiones? Muchos creen que basta con escuchar al corazón. Luego tal vez digan: “Es que mi conciencia me lo permite”. Pero no olvidemos que los deseos del corazón son muy intensos y pueden afectar a la conciencia. Así lo confirma la Biblia: “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” (Jeremías 17:9). Por eso, lo más importante para nosotros debe ser complacer a Jehová y no a nuestro corazón.b


 Al tomar decisiones, la persona que tiene la conciencia bien entrenada no se guía por el egoísmo. Se guía por el temor de Dios, es decir, por un verdadero temor a desagradar al Padre celestial. Así lo ilustra el caso del fiel Nehemías. Como gobernador de Jerusalén, tenía autoridad para exigir a sus súbditos que pagaran ciertos impuestos. Sin embargo, no lo hizo. ¿Por qué? Él mismo explicó la razón: “[Fue] a causa del temor a Dios” (Nehemías 5:15). No quería correr el más mínimo riesgo de desagradar a Jehová oprimiendo al pueblo. Es vital que nosotros también tengamos ese mismo temor, pues nos llevará a consultar la Biblia siempre que tengamos que tomar cualquier decisión.


Tomemos por caso el consumo de alcohol. Si asistimos a una reunión social, quizá nos preguntemos: “¿Debo beber, o no?”. Para tomar una buena decisión, primero hay que educar nuestra conciencia examinando los principios bíblicos. Por un lado, las Escrituras no condenan el consumo moderado de alcohol. De hecho, alaban a Dios por habernos proporcionado el vino (Salmo 104:14, 15). Por otro lado, sí condenan los excesos y las juergas (Lucas 21:34; Romanos 13:13). Lo que es más, incluyen la borrachera en una lista de pecados tan graves como la fornicación o el adulterio (1 Corintios 6:9, 10).c

 Principios como esos educan la conciencia y la sensibilizan. Así, cuando nos inviten a una reunión social donde quizás se sirva alcohol, debemos preguntarnos: “¿Qué ambiente habrá? ¿Es probable que se descontrole y degenere en una juerga? ¿Y qué puede decirse de mí? ¿Tengo enormes ganas de beber? ¿Dependo del alcohol? ¿Lo necesito para sentirme bien y actuar como yo quiero? ¿Soy capaz de decir basta?”. Al examinar los principios bíblicos o cualquier pregunta sobre cómo aplicarlos, es conveniente orar a Jehová (Salmo 139:23, 24). De esta forma lo invitamos a que nos guíe con su espíritu santo y, al mismo tiempo, enseñamos a la conciencia a ajustarse a los principios divinos. Ahora bien, al tomar decisiones hay otro factor que debemos tener en cuenta.



POR QUÉ TOMAR EN CUENTA LAS CONCIENCIAS AJENAS


 A veces pudiera sorprendernos lo diferentes que son las conciencias aun dentro de la congregación. No es raro que un cristiano opine que cierta costumbre o comportamiento no está bien, mientras que otro lo considere lo más normal del mundo. Por ejemplo, volviendo al asunto de la bebida, a algunos les gusta pasar un rato tranquilo tomando una copita en compañía de sus amigos; sin embargo, otros lo ven mal. ¿A qué se deben esas diferencias, y qué peso deben tener en nuestras decisiones?

 Existen numerosos factores que nos hacen diferentes. Entre ellos figuran las circunstancias del pasado, que cambian muchísimo de unos a otros. Así, hay cristianos que recuerdan muy bien que en su día tuvieron ciertas debilidades y que incluso sufrieron recaídas (1 Reyes 8:38, 39). Imaginemos que nos visita un hermano que tuvo problemas con el alcohol y que, por eso, es muy sensible con el tema de la bebida. Si lo invitamos a una copa, la conciencia probablemente lo impulse a ser prudente y rechazarla. ¿Nos ofenderemos? ¿Insistiremos en que la acepte? Desde luego que no. Por amor fraternal, respetaremos su decisión, sin importar que nos haya explicado sus razones o que haya preferido callarlas.


Ya en el siglo primero, el apóstol Pablo observó que había gran diversidad de conciencias en las congregaciones. Por ejemplo, algunos cristianos tenían escrúpulos ante ciertos alimentos que se sacrificaban a los ídolos y luego se vendían en el mercado (1 Corintios 10:25). Pero Pablo no veía ningún problema en aceptarlos. Para él, los ídolos no eran nada; a fin de cuentas, esos alimentos no les pertenecían a ellos, sino a Jehová, que los había creado. Sin embargo, Pablo comprendía que no todos iban a compartir su opinión. Algunos habían sido idólatras antes de abrazar el cristianismo, y por eso sentían repugnancia ante todo lo que hubiera tenido la más mínima relación con la idolatría. ¿Cuál era la solución?

 Pablo dijo: “Los que somos fuertes [...] debemos soportar las debilidades de los que no son fuertes, y no estar agradándonos a nosotros mismos. Porque hasta el Cristo no se agradó a sí mismo” (Romanos 15:1, 3). Esto significa que, al igual que Jesús, debemos anteponer el bienestar de nuestros hermanos al nuestro. En otro pasaje relacionado, Pablo llegó a afirmar que prefería no comer carne antes que hacer tropezar a una de las valiosas ovejas por las que Cristo había dado la vida (1 Corintios 8:13; 10:23, 24, 31-33).


Ahora bien, si otros cristianos hacen cosas que nuestra conciencia no nos permite, no debemos criticarlos, como si todo el mundo tuviera que opinar lo mismo en asuntos de decisión personal Romanos 14:10). En realidad, la conciencia es para juzgarnos a nosotros mismos y no a los demás. No olvidemos que Jesús dijo: “Dejen de juzgar, para que no sean juzgados” (Mateo 7:1). Ningún miembro de la congregación debería crear polémica en torno a asuntos de conciencia. Nuestro objetivo no es derribarnos unos a otros, sino edificarnos, promoviendo el amor y la unidad entre todos (Romanos 14:19).


BENEFICIOS DE MANTENER UNA BUENA CONCIENCIA

Una mujer caminando sobre un tranquilo campo verde

Una buena conciencia nos orienta en la vida y nos llena de gozo y paz


 El apóstol Pedro exhortó a los cristianos: “Tengan una buena conciencia” (1 Pedro 3:16). La mayoría de los seres humanos no disfrutan de la gran bendición de que su conciencia esté limpia a los ojos de Jehová. Como dijo Pablo, tienen cauterizada “su conciencia como si fuera con hierro de marcar” (1 Timoteo 4:2). Cuando se marca a las reses con un hierro al rojo vivo, su piel se quema y se forma una cicatriz insensible. Del mismo modo, la conciencia de muchos está, a todos los efectos, muerta. No siente ningún dolor. Por eso se queda muda cada vez que hacen algo malo; no les avisa ni les produce remordimiento, culpabilidad o vergüenza. Esas personas han perdido el sentido de la culpa y, por lo visto, ese hecho no les preocupa lo más mínimo.


Muchas veces, los sentimientos de culpa son la manera en que la conciencia nos dice que hemos hecho algo malo. Si le hacemos caso a su voz y nos arrepentimos, seremos perdonados, sin importar lo grave que sea nuestra ofensa. Así sucedió con el rey David. Él cometió grandes pecados, pero recibió el perdón divino principalmente porque se arrepintió de todo corazón. En efecto, llegó a odiar sus malas acciones y tomó la firme determinación de no desobedecer las leyes de Dios nunca más; por eso pudo comprobar por sí mismo que Jehová es “bueno y [está] listo para perdonar” (Salmo 51:1-19; 86:5). Ahora bien, en ocasiones los sentimientos de culpa y vergüenza no dejan de mortificarnos aunque nos hayamos arrepentido y se nos haya perdonado. ¿Qué haremos en tal caso?

Una vez que nos hemos arrepentido, no sirve de mucho que la conciencia nos martirice con sentimientos de culpa. Si el corazón no deja de condenarnos, tenemos que ‘asegurarlo’, es decir, convencerlo de que Jehová es mayor que nuestros sentimientos. Es el momento de poner en práctica un consejo que quizá hayamos dado a otros: “Tienes que recordar que Jehová te ama y aceptar que te ha perdonado” (1 Juan 3:19, 20). Cuando logremos tener limpia la conciencia, sentiremos gran paz y serenidad, y un gozo que difícilmente encuentra la gente del mundo. Muchas personas que cometieron pecados graves han experimentado ese enorme alivio, y hoy sirven a Jehová con buena conciencia (1 Corintios 6:11).


 El objetivo de este libro es ayudarnos a conseguir ese gozo y a mantener una buena conciencia mientras luchamos contra el mundo de Satanás durante estos últimos días. Claro, no puede abarcar todas las leyes y principios bíblicos aplicables a nuestra vida diaria. Y cuando trata asuntos de conciencia, tampoco ofrece una lista de reglas específicas para cada caso. Más bien, analiza cómo poner en práctica las enseñanzas de la Palabra de Dios, y así nos facilita la labor de educar y sensibilizar la conciencia. No olvidemos que, mientras que la Ley mosaica daba prioridad a las reglas, “la ley del Cristo” concede más importancia al deber de usar la conciencia y guiarse por los principios bíblicos (Gálatas 6:2). Ciertamente, Jehová nos da mucha libertad. Pero la Biblia nos anima a que, en vez de emplearla “como disfraz para la maldad”, la usemos para algo mucho mejor: para demostrarle a Jehová cuánto lo amamos (1 Pedro 2:16).

 Cuando usted comenzó a conocer a Dios, dio los primeros pasos en el camino a la vida. Para continuar en él, es necesario que analice, con la ayuda de la oración, cómo aplicar los principios bíblicos, y luego obrar en consecuencia. Así, “mediante el uso”, tendrá “sus facultades perceptivas entrenadas” (Hebreos 5:14). Una vez que su conciencia esté bien educada en los principios bíblicos, será un instrumento muy útil. Tal como la brújula guía al viajero, la conciencia lo orientará a usted y le permitirá tomar decisiones que agraden a su Padre celestial. Y, sin duda, también le ayudará a mantenerse en el amor de Dios.

Los gritos de una fe firme.


 

Josué 5.6 “los muros de Jericó cayeron por la fe”

Es inevitable que no nos encontremos en nuestro andar diario de conquistas con ciudades fortificadas, con muros inconquistables, que nos parecen muy altos para nosotros. Pero ante esos muros la fe ofrece un ariete poderoso. En hebreos 11 tenemos una galería de héroes de la fe que derribaron muros poderosos solo por la fe. Porque creyeron que era poderoso aquel que los llamó.

 

A veces necesitamos gritarle a esos muros como hizo el Rey David en un salmo cuando estaba en un pozo profundo:

" con mi voz clamé a Jehová, y él me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, puso luego en mi boca cántico, cántico nuevo alabanza a nuestro Dios."

Salmo 40.


La alabanza es poderosa, no solo cuando estamos contentos sino en momentos de prueba y aflicción. Aunque en la biblia encontramos que el que esté afligido haga oración, la Alabanza, cuando va acompañada de aflicción, es una fuente de gozo.




La cuarta copa:


La importancia económica de la vid y de sus frutos, las uvas, es extraordinaria. Se trata de una de las frutas más apreciadas, nutritivas y ricas en vitamina C.


Las uvas secas, llamadas “pasas”, son muy nutritivas y han sido empleadas por la medicina natural como expectorantes. Las uvas de Israel eran de excelente calidad, como pudieron comprobar los hebreos que conocían las de Egipto, al llegar a Canaán.


En la celebración judía de la cena de pascua, el Seder, se bebían cuatro copas de vino diluido en agua. La primera era la copa de la bendición, en la segunda, se explicaba la historia de la liberación de Egipto, mientras que la tercera, estaba relacionada con la propia comida y la cuarta copa era la de la alabanza, que culminaba todo el rito pascual.


Según los eruditos, Jesús habría seguido también esta costumbre de las cuatro copas, al celebrar la cena de pascua con sus discípulos. Sin embargo, durante dicha celebración no tomó la cuarta copa.


En Getsemaní, le pidió al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt. 26:39). Puede que el Maestro se refiriera aquí simbólicamente a la cuarta copa del Seder que no había tomado en la cena, la de la culminación de la pascua.


Sin embargo, cuando ya en la cruz los soldados romanos le ofrecieron vinagre, después de beberlo, Jesús respondió: “Consumado es” e inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn. 19:30).

El Maestro acabó así su misión salvífica y con aquel sorbo amargo de vinagre tomó la cuarta y última copa, la de la liberación pascual por excelencia. Por tanto, su sacrificio empezó en la última cena y acabó en la cruz del Calvario.



De los fosos no es fácil salir




Génesis 37. 23-24

Vemos la historia de José, odiado por sus hermanos hasta tal punto que se juntaron para echarlo a un foso. Y aunque José les rogó que le sacasen de allí no hicieron caso, sino que lo vendieron como esclavo.



Hay diversos tipos de fosos que podemos encontrar en nuestras vidas, en los cuales caemos por descuido, por ignorancia, por las circunstancias de la vida o simplemente porque alguien nos empuja.

Uno de esos pozos puede ser un despido inesperado, una separación, una enfermedad, una injusticia de alguien que te odia y que acaba perjudicándote. Una traición de alguien que pensabas era tu amigo o amiga. Un rechazo, una depresión, etc. Para alguno de nosotros el foso puede significar una cosa y para otros otra distinta. Cada ser humano es un mundo.



Lo que si tenemos todos en común es que ese foso nos hace sufrir, nos produce dolor, no vemos con claridad y amplía nuestra soledad. Ahí estás a solas contigo y con Dios.



Parece que no hay esperanza… y cuando alguien te abre la puerta de tu celda es para llevarte a un lugar peor. No es fácil salir del foso. Pero el foso hace algo bueno, te obliga a mirar hacia arriba.



En este punto, desgraciadamente hay algunos que se desesperan y dejan de confiar en Dios, buscan una salida alternativa y se alejan así del propósito que Dios tenía para sus vidas.



Pero José, aunque no entendía el por qué de todas esas pruebas tuvo algo bueno y es que no se apartó de Dios, entendió que si Dios permitió todo aquello es que tenía un propósito para su vida. Y efectivamente, a José le faltaba algo muy importante para llevar a cabo el propósito que Dios tenía para él. Le faltaba carácter, había sido un niño mimado y consentido, todo giraba alrededor de él. Y al igual que Moisés, que tuvo que ser machacado en el desierto para poder sacar a toda una nación de la esclavitud, José tuvo que aprender humildad a través de las pruebas, y depender de la bondad de Dios.



Pero Dios estaba con él y prosperaba todo lo que hacía. (Génesis 39.2-5).



Con el tiempo, cuando ya estamos preparados, Dios tiene compasión de nosotros y nos saca del horno para que podamos dar de comer a otros. Eso pasó con José, cuando salió de la cárcel, el faraón lo puso como administrador de los graneros de Egipto y pudo dar de comer a todo Egipto y a su familia. (Génesis 41.49)



Además, los hermanos de José también aprendieron la lección y reconocieron la injusticia que habían hecho años atrás con su hermano José. (Génesis 42.21).

Y ese arrepentimiento lo demostraron porque no hicieron lo mismo con el hermano menor de José, Benjamín, retenido por José, al cual podrían haber dejado en Egipto y decirle a su padre que alguien lo había matado o algo por el estilo. Decidieron dar sus vidas antes de huir, y eso provocó que José se diera a conocer al fin.

“Saldrás de esta. Temes no lograrlo. A todos nos pasa. Tememos que la depresión nunca nos dejará, los gritos nunca terminarán, el dolor jamás se irá.”

“Como ocurrió con Daniel en el foso de los leones, con Pedro en la cárcel, con Jonás en el estómago del pez, con David amenazado por Goliat, con los discípulos en medio de la tormenta, con los leprosos y su enfermedad, con las dudas de Tomás, con Lázaro y su tumba, y con Pablo y sus prisiones, Dios también nos librará a nosotros.”



Espera, no hagas ninguna tontería y verás la salida.