La importancia de mantener una buena conciencia

“Tengan una buena conciencia.” (1 PEDRO 3:16.)

Un hombre pensando si tomar o no tomar vino en una reunión social


¿SABE qué tienen en común el marinero que navega por el océano, el excursionista que atraviesa el desierto y el aviador que vuela entre las nubes? Que todos ellos se verán en graves problemas si no disponen de algún aparato para orientarse. No tiene por qué ser muy moderno; basta con una sencilla brújula.

 En esencia, una brújula es un círculo con una aguja imantada que apunta al norte. Pero si funciona como debe, puede salvarnos la vida, y más si contamos con un mapa fiel. Pues bien, Jehová nos ha hecho un regalo que se parece a la brújula (Santiago 1:17). Nos referimos a la conciencia. Sin ella, estaríamos completamente perdidos. Cuando la usamos bien, nos ayuda a hallar nuestro rumbo en la vida y a no salirnos del camino correcto. Como vemos, es un regalo muy valioso. Por ello, conviene examinar qué es la conciencia y cómo funciona, y luego analizar los siguientes puntos: 1) cómo educamos la conciencia; 2) por qué debemos tomar en cuenta las conciencias ajenas, y 3) qué beneficios obtenemos al mantener una buena conciencia.


QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA LA CONCIENCIA

imperfectas, han escuchado su conciencia. Entre ellas está el fiel Job, quien dijo: “A mi justicia he echado mano, y no la soltaré; mi corazón no me molestará” (Job 27:6).a Job escuchaba con atención la voz de su conciencia antes de actuar o tomar cualquier decisión. Por eso podía decir con orgullo que su conciencia no le molestaba; no vivía mortificado por la culpa o la vergüenza. Un caso muy distinto es el de David. A él sí llegó a atormentarle la conciencia. La Biblia dice que “el corazón de David [estuvo] hiriéndolo” después de faltarle al respeto a Saúl, el rey que Jehová había ungido (1 Samuel 24:5). Aquellos remordimientos le ayudaron mucho, pues le enseñaron a ser más respetuoso.


Pero la conciencia no siempre funciona como es debido. Para entender por qué, piense en el ejemplo de la brújula. ¿Qué ocurre si la acercamos a un imán? Que la aguja se desvía y deja de apuntar al norte. ¿Y si la utilizamos sin la ayuda de un buen mapa? Entonces no valdría de mucho. Con la conciencia ocurre igual. Si dejamos que influyan en ella nuestros deseos egoístas, no nos indicará el camino correcto. Y si no consultamos el “mapa” de la Palabra de Dios, no sabremos distinguir entre el bien y el mal a la hora de tomar muchas decisiones importantes. Además, para que la conciencia funcione como es debido necesitamos la ayuda del espíritu santo. Como dijo Pablo: “Mi conciencia da testimonio conmigo en [conformidad con el] espíritu santo” (Romanos 9:1). Ahora bien, ¿cómo logramos que la conciencia funcione de acuerdo con el espíritu santo de Jehová? Como veremos ahora, la clave está en educarla.



CÓMO EDUCAR LA CONCIENCIA


 ¿Cómo debe utilizarse la conciencia a la hora de tomar decisiones? Muchos creen que basta con escuchar al corazón. Luego tal vez digan: “Es que mi conciencia me lo permite”. Pero no olvidemos que los deseos del corazón son muy intensos y pueden afectar a la conciencia. Así lo confirma la Biblia: “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa, y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” (Jeremías 17:9). Por eso, lo más importante para nosotros debe ser complacer a Jehová y no a nuestro corazón.b


 Al tomar decisiones, la persona que tiene la conciencia bien entrenada no se guía por el egoísmo. Se guía por el temor de Dios, es decir, por un verdadero temor a desagradar al Padre celestial. Así lo ilustra el caso del fiel Nehemías. Como gobernador de Jerusalén, tenía autoridad para exigir a sus súbditos que pagaran ciertos impuestos. Sin embargo, no lo hizo. ¿Por qué? Él mismo explicó la razón: “[Fue] a causa del temor a Dios” (Nehemías 5:15). No quería correr el más mínimo riesgo de desagradar a Jehová oprimiendo al pueblo. Es vital que nosotros también tengamos ese mismo temor, pues nos llevará a consultar la Biblia siempre que tengamos que tomar cualquier decisión.


Tomemos por caso el consumo de alcohol. Si asistimos a una reunión social, quizá nos preguntemos: “¿Debo beber, o no?”. Para tomar una buena decisión, primero hay que educar nuestra conciencia examinando los principios bíblicos. Por un lado, las Escrituras no condenan el consumo moderado de alcohol. De hecho, alaban a Dios por habernos proporcionado el vino (Salmo 104:14, 15). Por otro lado, sí condenan los excesos y las juergas (Lucas 21:34; Romanos 13:13). Lo que es más, incluyen la borrachera en una lista de pecados tan graves como la fornicación o el adulterio (1 Corintios 6:9, 10).c

 Principios como esos educan la conciencia y la sensibilizan. Así, cuando nos inviten a una reunión social donde quizás se sirva alcohol, debemos preguntarnos: “¿Qué ambiente habrá? ¿Es probable que se descontrole y degenere en una juerga? ¿Y qué puede decirse de mí? ¿Tengo enormes ganas de beber? ¿Dependo del alcohol? ¿Lo necesito para sentirme bien y actuar como yo quiero? ¿Soy capaz de decir basta?”. Al examinar los principios bíblicos o cualquier pregunta sobre cómo aplicarlos, es conveniente orar a Jehová (Salmo 139:23, 24). De esta forma lo invitamos a que nos guíe con su espíritu santo y, al mismo tiempo, enseñamos a la conciencia a ajustarse a los principios divinos. Ahora bien, al tomar decisiones hay otro factor que debemos tener en cuenta.



POR QUÉ TOMAR EN CUENTA LAS CONCIENCIAS AJENAS


 A veces pudiera sorprendernos lo diferentes que son las conciencias aun dentro de la congregación. No es raro que un cristiano opine que cierta costumbre o comportamiento no está bien, mientras que otro lo considere lo más normal del mundo. Por ejemplo, volviendo al asunto de la bebida, a algunos les gusta pasar un rato tranquilo tomando una copita en compañía de sus amigos; sin embargo, otros lo ven mal. ¿A qué se deben esas diferencias, y qué peso deben tener en nuestras decisiones?

 Existen numerosos factores que nos hacen diferentes. Entre ellos figuran las circunstancias del pasado, que cambian muchísimo de unos a otros. Así, hay cristianos que recuerdan muy bien que en su día tuvieron ciertas debilidades y que incluso sufrieron recaídas (1 Reyes 8:38, 39). Imaginemos que nos visita un hermano que tuvo problemas con el alcohol y que, por eso, es muy sensible con el tema de la bebida. Si lo invitamos a una copa, la conciencia probablemente lo impulse a ser prudente y rechazarla. ¿Nos ofenderemos? ¿Insistiremos en que la acepte? Desde luego que no. Por amor fraternal, respetaremos su decisión, sin importar que nos haya explicado sus razones o que haya preferido callarlas.


Ya en el siglo primero, el apóstol Pablo observó que había gran diversidad de conciencias en las congregaciones. Por ejemplo, algunos cristianos tenían escrúpulos ante ciertos alimentos que se sacrificaban a los ídolos y luego se vendían en el mercado (1 Corintios 10:25). Pero Pablo no veía ningún problema en aceptarlos. Para él, los ídolos no eran nada; a fin de cuentas, esos alimentos no les pertenecían a ellos, sino a Jehová, que los había creado. Sin embargo, Pablo comprendía que no todos iban a compartir su opinión. Algunos habían sido idólatras antes de abrazar el cristianismo, y por eso sentían repugnancia ante todo lo que hubiera tenido la más mínima relación con la idolatría. ¿Cuál era la solución?

 Pablo dijo: “Los que somos fuertes [...] debemos soportar las debilidades de los que no son fuertes, y no estar agradándonos a nosotros mismos. Porque hasta el Cristo no se agradó a sí mismo” (Romanos 15:1, 3). Esto significa que, al igual que Jesús, debemos anteponer el bienestar de nuestros hermanos al nuestro. En otro pasaje relacionado, Pablo llegó a afirmar que prefería no comer carne antes que hacer tropezar a una de las valiosas ovejas por las que Cristo había dado la vida (1 Corintios 8:13; 10:23, 24, 31-33).


Ahora bien, si otros cristianos hacen cosas que nuestra conciencia no nos permite, no debemos criticarlos, como si todo el mundo tuviera que opinar lo mismo en asuntos de decisión personal Romanos 14:10). En realidad, la conciencia es para juzgarnos a nosotros mismos y no a los demás. No olvidemos que Jesús dijo: “Dejen de juzgar, para que no sean juzgados” (Mateo 7:1). Ningún miembro de la congregación debería crear polémica en torno a asuntos de conciencia. Nuestro objetivo no es derribarnos unos a otros, sino edificarnos, promoviendo el amor y la unidad entre todos (Romanos 14:19).


BENEFICIOS DE MANTENER UNA BUENA CONCIENCIA

Una mujer caminando sobre un tranquilo campo verde

Una buena conciencia nos orienta en la vida y nos llena de gozo y paz


 El apóstol Pedro exhortó a los cristianos: “Tengan una buena conciencia” (1 Pedro 3:16). La mayoría de los seres humanos no disfrutan de la gran bendición de que su conciencia esté limpia a los ojos de Jehová. Como dijo Pablo, tienen cauterizada “su conciencia como si fuera con hierro de marcar” (1 Timoteo 4:2). Cuando se marca a las reses con un hierro al rojo vivo, su piel se quema y se forma una cicatriz insensible. Del mismo modo, la conciencia de muchos está, a todos los efectos, muerta. No siente ningún dolor. Por eso se queda muda cada vez que hacen algo malo; no les avisa ni les produce remordimiento, culpabilidad o vergüenza. Esas personas han perdido el sentido de la culpa y, por lo visto, ese hecho no les preocupa lo más mínimo.


Muchas veces, los sentimientos de culpa son la manera en que la conciencia nos dice que hemos hecho algo malo. Si le hacemos caso a su voz y nos arrepentimos, seremos perdonados, sin importar lo grave que sea nuestra ofensa. Así sucedió con el rey David. Él cometió grandes pecados, pero recibió el perdón divino principalmente porque se arrepintió de todo corazón. En efecto, llegó a odiar sus malas acciones y tomó la firme determinación de no desobedecer las leyes de Dios nunca más; por eso pudo comprobar por sí mismo que Jehová es “bueno y [está] listo para perdonar” (Salmo 51:1-19; 86:5). Ahora bien, en ocasiones los sentimientos de culpa y vergüenza no dejan de mortificarnos aunque nos hayamos arrepentido y se nos haya perdonado. ¿Qué haremos en tal caso?

Una vez que nos hemos arrepentido, no sirve de mucho que la conciencia nos martirice con sentimientos de culpa. Si el corazón no deja de condenarnos, tenemos que ‘asegurarlo’, es decir, convencerlo de que Jehová es mayor que nuestros sentimientos. Es el momento de poner en práctica un consejo que quizá hayamos dado a otros: “Tienes que recordar que Jehová te ama y aceptar que te ha perdonado” (1 Juan 3:19, 20). Cuando logremos tener limpia la conciencia, sentiremos gran paz y serenidad, y un gozo que difícilmente encuentra la gente del mundo. Muchas personas que cometieron pecados graves han experimentado ese enorme alivio, y hoy sirven a Jehová con buena conciencia (1 Corintios 6:11).


 El objetivo de este libro es ayudarnos a conseguir ese gozo y a mantener una buena conciencia mientras luchamos contra el mundo de Satanás durante estos últimos días. Claro, no puede abarcar todas las leyes y principios bíblicos aplicables a nuestra vida diaria. Y cuando trata asuntos de conciencia, tampoco ofrece una lista de reglas específicas para cada caso. Más bien, analiza cómo poner en práctica las enseñanzas de la Palabra de Dios, y así nos facilita la labor de educar y sensibilizar la conciencia. No olvidemos que, mientras que la Ley mosaica daba prioridad a las reglas, “la ley del Cristo” concede más importancia al deber de usar la conciencia y guiarse por los principios bíblicos (Gálatas 6:2). Ciertamente, Jehová nos da mucha libertad. Pero la Biblia nos anima a que, en vez de emplearla “como disfraz para la maldad”, la usemos para algo mucho mejor: para demostrarle a Jehová cuánto lo amamos (1 Pedro 2:16).

 Cuando usted comenzó a conocer a Jehová, dio los primeros pasos en el camino a la vida. Para continuar en él, es necesario que analice, con la ayuda de la oración, cómo aplicar los principios bíblicos, y luego obrar en consecuencia. Así, “mediante el uso”, tendrá “sus facultades perceptivas entrenadas” (Hebreos 5:14). Una vez que su conciencia esté bien educada en los principios bíblicos, será un instrumento muy útil. Tal como la brújula guía al viajero, la conciencia lo orientará a usted y le permitirá tomar decisiones que agraden a su Padre celestial. Y, sin duda, también le ayudará a mantenerse en el amor de Dios.

Los gritos de una fe firme.


 

Josué 5.6 “los muros de Jericó cayeron por la fe”

Es inevitable que no nos encontremos en nuestro andar diario de conquistas con ciudades fortificadas, con muros inconquistables, que nos parecen muy altos para nosotros. Pero ante esos muros la fe ofrece un ariete poderoso. En hebreos 11 tenemos una galería de héroes de la fe que derribaron muros poderosos solo por la fe. Porque creyeron que era poderoso aquel que los llamó.

 

A veces necesitamos gritarle a esos muros como hizo el Rey David en un salmo cuando estaba en un pozo profundo:

" con mi voz clamé a Jehová, y él me sacó del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso, puso luego en mi boca cántico, cántico nuevo alabanza a nuestro Dios."

Salmo 40.


La alabanza es poderosa, no solo cuando estamos contentos sino en momentos de prueba y aflicción. Aunque en la biblia encontramos que el que esté afligido haga oración, la Alabanza, cuando va acompañada de aflicción, es una fuente de gozo.




La cuarta copa:


La importancia económica de la vid y de sus frutos, las uvas, es extraordinaria. Se trata de una de las frutas más apreciadas, nutritivas y ricas en vitamina C.


Las uvas secas, llamadas “pasas”, son muy nutritivas y han sido empleadas por la medicina natural como expectorantes. Las uvas de Israel eran de excelente calidad, como pudieron comprobar los hebreos que conocían las de Egipto, al llegar a Canaán.


En la celebración judía de la cena de pascua, el Seder, se bebían cuatro copas de vino diluido en agua. La primera era la copa de la bendición, en la segunda, se explicaba la historia de la liberación de Egipto, mientras que la tercera, estaba relacionada con la propia comida y la cuarta copa era la de la alabanza, que culminaba todo el rito pascual.


Según los eruditos, Jesús habría seguido también esta costumbre de las cuatro copas, al celebrar la cena de pascua con sus discípulos. Sin embargo, durante dicha celebración no tomó la cuarta copa.


En Getsemaní, le pidió al Padre: “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt. 26:39). Puede que el Maestro se refiriera aquí simbólicamente a la cuarta copa del Seder que no había tomado en la cena, la de la culminación de la pascua.


Sin embargo, cuando ya en la cruz los soldados romanos le ofrecieron vinagre, después de beberlo, Jesús respondió: “Consumado es” e inclinando la cabeza, entregó el espíritu (Jn. 19:30).

El Maestro acabó así su misión salvífica y con aquel sorbo amargo de vinagre tomó la cuarta y última copa, la de la liberación pascual por excelencia. Por tanto, su sacrificio empezó en la última cena y acabó en la cruz del Calvario.



De los fosos no es fácil salir




Génesis 37. 23-24

Vemos la historia de José, odiado por sus hermanos hasta tal punto que se juntaron para echarlo a un foso. Y aunque José les rogó que le sacasen de allí no hicieron caso, sino que lo vendieron como esclavo.



Hay diversos tipos de fosos que podemos encontrar en nuestras vidas, en los cuales caemos por descuido, por ignorancia, por las circunstancias de la vida o simplemente porque alguien nos empuja.

Uno de esos pozos puede ser un despido inesperado, una separación, una enfermedad, una injusticia de alguien que te odia y que acaba perjudicándote. Una traición de alguien que pensabas era tu amigo o amiga. Un rechazo, una depresión, etc. Para alguno de nosotros el foso puede significar una cosa y para otros otra distinta. Cada ser humano es un mundo.



Lo que si tenemos todos en común es que ese foso nos hace sufrir, nos produce dolor, no vemos con claridad y amplía nuestra soledad. Ahí estás a solas contigo y con Dios.



Parece que no hay esperanza… y cuando alguien te abre la puerta de tu celda es para llevarte a un lugar peor. No es fácil salir del foso. Pero el foso hace algo bueno, te obliga a mirar hacia arriba.



En este punto, desgraciadamente hay algunos que se desesperan y dejan de confiar en Dios, buscan una salida alternativa y se alejan así del propósito que Dios tenía para sus vidas.



Pero José, aunque no entendía el por qué de todas esas pruebas tuvo algo bueno y es que no se apartó de Dios, entendió que si Dios permitió todo aquello es que tenía un propósito para su vida. Y efectivamente, a José le faltaba algo muy importante para llevar a cabo el propósito que Dios tenía para él. Le faltaba carácter, había sido un niño mimado y consentido, todo giraba alrededor de él. Y al igual que Moisés, que tuvo que ser machacado en el desierto para poder sacar a toda una nación de la esclavitud, José tuvo que aprender humildad a través de las pruebas, y depender de la bondad de Dios.



Pero Dios estaba con él y prosperaba todo lo que hacía. (Génesis 39.2-5).



Con el tiempo, cuando ya estamos preparados, Dios tiene compasión de nosotros y nos saca del horno para que podamos dar de comer a otros. Eso pasó con José, cuando salió de la cárcel, el faraón lo puso como administrador de los graneros de Egipto y pudo dar de comer a todo Egipto y a su familia. (Génesis 41.49)



Además, los hermanos de José también aprendieron la lección y reconocieron la injusticia que habían hecho años atrás con su hermano José. (Génesis 42.21).

Y ese arrepentimiento lo demostraron porque no hicieron lo mismo con el hermano menor de José, Benjamín, retenido por José, al cual podrían haber dejado en Egipto y decirle a su padre que alguien lo había matado o algo por el estilo. Decidieron dar sus vidas antes de huir, y eso provocó que José se diera a conocer al fin.

“Saldrás de esta. Temes no lograrlo. A todos nos pasa. Tememos que la depresión nunca nos dejará, los gritos nunca terminarán, el dolor jamás se irá.”

“Como ocurrió con Daniel en el foso de los leones, con Pedro en la cárcel, con Jonás en el estómago del pez, con David amenazado por Goliat, con los discípulos en medio de la tormenta, con los leprosos y su enfermedad, con las dudas de Tomás, con Lázaro y su tumba, y con Pablo y sus prisiones, Dios también nos librará a nosotros.”



Espera, no hagas ninguna tontería y verás la salida.



No te rindas, hay más.








Jeremías 12:5-7

“Si corriste con los de a pie, y te cansaron, ¿cómo contenderás con los caballos? Y si en la tierra de paz no estabas seguro, ¿cómo harás en la espesura del Jordán?”

Siempre he entendido este texto literalmente, o sea no hay esperanza para nosotros cuando la presión aumenta y nos supera. Nos pasaran por lo alto las circunstancias nos hundiremos y clamaremos ayuda desde el suelo como hemos hecho tantas veces. Porque nuestra madurez no nos permite ir mas rápido, nos tenemos que conformar con lo poco que podamos conseguir. Somos débiles e incapaces de conseguir más de lo que tenemos ahora.

Pero yo pienso que hay una esperanza para nosotros los que queremos correr con los caballos, los que queremos ser más efectivos en la vida, los que nos esforzamos por cambiar el mundo. Y esa esperanza está en el salmo 66.10:

“Tú, oh Dios, nos has puesto a prueba; nos has purificado como a la plata. Nos has hecho caer en una red; ¡pesada carga nos has echado a cuestas! Las caballerías nos han aplastado la cabeza; hemos pasado por el fuego y por el agua, pero al fin nos has dado un respiro.”

“Pasamos por el fuego y por el agua,

Y nos sacaste a abundancia.”



E Isaias 43.2:

“Cuando pases por el agua no te anegaran y cuando pases por el fuego, la llama no arderá en ti.



Estas lindas promesas nos enseñan que hay esperanza para el que quiere más de Dios, y que cuando pasemos por el fuego solo las ataduras arderán, como pasó con los tres hebreos que eligieron ser arrojados al horno recalentado siete veces antes de arrodillarse y adorar a otro dios. (Daniel 3).



Asi nosotros a veces tenemos que decidir o seguir la corriente de este mundo y estar tranquilos y en paz con todos o ir en contra del espíritu de este mundo agradando a Dios antes que a los hombres, y eso nos va a llevar a ser traidores del sistema y nos atraeremos problemas. No podemos ir en contra de la manera de pensar de este mundo sin acarrearnos prosecución de alguna manera.

El buscador de fe. 


"¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?"  Juan 11.38-44

El conocimiento sin fe no es muy productivo. Marta tenía conocimiento de quien era Jesús, pero sus actos (la tardanza en acudir a su llamado) la hicieron dudar, esa falta de lógica, según ella, la hicieron desconfiar de aquel a quien creía conocer, de su amigo. Y cuando viene la desconfianza perdemos la fe.

"No te he dicho que si tú crees verás la gloria de Dios..." En esas palabras podemos comprobar que no era la primera vez que Jesús le hacía esa exhortación a su amiga.

Evidentemente la fe es lo que hace la diferencia en la vida cristiana. Y Jesús está buscando esa fe en la tierra como cuando en el lejano oeste se buscaba oro incansablemente y cuando lo hallaban reunían a sus amigos y hacían una gran fiesta.

Cuando Jesús encuentra esa clase de fe se sorprende y emociona también, porque es consciente de lo difícil que es para el ser humano creer en lo que no ve (somos muy propensos a razonarlo todo).

Hay en la biblia algunos casos de fe que asombraron al Maestro de tal manera que en todos los casos recibieron lo que pedían:

1. El caso del centurión romano que sabía quien era Jesús y la autoridad que tenia en los aires sobre toda enfermedad, aunque él no era cristiano ni judio. 

"Ni en Israel he hallado tanta fe...dijo Jesús " Mateo 8.10y sanó en ese mismo instante y a la distancia a su siervo

2. El caso de la mujer sirofenicia. (Mateo 15:27). "mujer grande es tu fe...".Mateo 15.28se asombró de su fe y liberó a su hija

3. El caso de los que bajaron a su amigo paralítico por el techo de una casa para que lo sanara Jesús. "Y viendo él la fe de ellos dijo: tus pecados te son perdonados" Y luego lo sanó. Lucas 5.19-20

4. El caso de la mujer con hemorragia que tocó su manto y poder salió de Él."Ten ánimo, tu fe te ha sanado le dijoMateo 9.21-22

Y así podríamos seguir enumerando casos en que Jesús se conmovió al ver que todavía había fe en el corazón de la gente y esa fe movió su compasión y su mano de poder para sanar.

Lo que realmente hizo llorar a Jesús en el pasaje que hemos leído al principio no fue solo, a mi entender, el echo de que amaba a Lázaro y se emocionara de verlo ya muerto, sino de ver la poca fe que tenían en Él sus amigos más íntimos. ¿Cómo pudieron pensar que él les iba a dejar sin consuelo, abandonados, cuando los amaba tanto?

De igual manera no pienses tú que Él te dejará solo en la hora oscura de tu vida, si lo amas nunca estarás desamparado, quizás estés solo y él tarde unos días más en venir, quizás pienses que ya es tarde que ya la cosa "huele", que has llegado a una edad en que ya no se pueda empezar de nuevo, que tu enfermedad no tiene cura, que tu pecado es demasiado grande para merecer perdón, que nadie volverá a confiar en ti, que la vida es cruel y no hay esperanza. que nunca volverás a creer tampoco en nadie...pero deja que te diga una cosa:

Dios está esperando ver en ti un poco de fe, cuando te atrevas a creer y te lances al vacío habrá allí una mano invisible que te sostendrá y sanará tu vida. De eso estoy seguro.

"LA FE ES LA CERTEZA DE LO QUE SE ESPERA, LA CONVICCION DE LO QUE NO SE VE..." "LA FE ES EL DESCANSO DEL ALMA EN LAS PROMESAS Y EN EL CARACTER DE DIOS" "ES EL PAJARO QUE CANTA CUANDO LA AURORA ESTÁ OSCURA" "ES LA MANO QUE ALCANZA LAS PROMESAS DE DIOS"

Pero… cuando venga el Señor ¿hallará FE en la tierra? Lucas 18:8 Esa es una buena pregunta. ojala que podamos guardar nuestra fe y que nada ni nadie nos la quite.

Pablo, al final de su vida pudo decir: "he guardado la fe" 2ªTimoteo 4.7Ese es el mayor tesoro que tenemos. No lo pierdas

¡Libre!



Hay una canción antigua que dice: "...subir a la montaña y conseguir estar más cerca de ti y gritar al mundo entero que Jesús me ha cambiado, ahora quiero siempre caminar con Él."

Cuando era más joven me gustaba subir a los montes y escalar algún pico alto, era una experiencia liberadora y veías el mundo desde otra perspectiva, parecía que los problemas se quedaban allí abajo y ya no eran tan importantes.

Hay momentos en que me he imaginado que subía alto a una cima y mientras sentía el viento en el rostro gritaba: ¡ lo conseguí, al fin soy LIBRE! Creo que lo he soñado alguna vez.

Libre de las cadenas que me ataban, libre de las consecuencias de esas heridas emocionales que hemos arrastrado por años, libre, en fin, de mi mismo.

El ser humano clama por liberación, se siente oprimido en un mundo donde el yo es un tirano, donde la competencia entre el mal y el bien es brutal y los más débiles van quedando en el camino. Hay tantas distracciones en el camino hacia arriba que nos quieren hacer caer que se hace un trayecto muy duro.

Hay conductas, reacciones, motivaciones y acciones que hemos querido cambiar por años, pero una y otra vez hemos sucumbido por nuestras debilidades. y una y otra vez volvemos a caer en lo mismo y tenemos que levantarnos y clamar por otra oportunidad, pero sin darnos cuenta de que cada vez estamos más cerca de la cima, que seguimos subiendo esta montaña de la vida con uñas y dientes, sin descanso, resbalamos, sacudimos el polvo y seguimos subiendo, nadie dijo que el camino iba a ser fácil pero la meta es gloriosa, esto es como una carrera de obstáculos pero cuesta arriba, y lo seguimos intentando una y otra vez porque deseamos con todas nuestras fuerzas llegar a lo alto y desde allí gritar ¡AL FIN LIBRE!

Cada uno de nosotros sabe cual es su meta en la vida, cual es su reto, aquello que quiere conseguir, para nosotros nuestra meta es ser como Jesús, parecernos a El y andar como El. Es lo que se llama andar en el espíritu. Y a lo mejor esa meta no la vamos a alcanzar con nuestras fuerzas, pero si él está con nosotros será mejor.

Cuando llegues al punto de decir, "ya no puedo mas" en ese preciso momento recuerda que él esta a tu lado, levanta tus ojos, extiende tu mano y deja que él te ayude. Porque "...separados de Él nada podemos hacer".

y él ha prometido que estará todos los días con nosotros hasta el fin, y si Él está con nosotros somos mayoría. Mateo 28.20